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Nº1

Oct 27, 2020

“Nunca imaginamos que nuestra experiencia nos iba a permitir aportar soluciones a este contexto”

El equipo de Vida Útil y Análisis Sensorial desarrolló y validó un kit que detecta la pérdida de olfato.

Fernando Pino y Anahí Cejas
Para evaluar la efectividad del kit, Fernando Pino y Anahí Cejas realizaron pruebas con pacientes de coronavirus en la Universidad Nacional de Quilmes, que funciona como centro de aislamiento.

El equipo de Vida Útil y Análisis Sensorial de la Subgerencia Operativa de Alimentos desarrolló y validó en tiempo récord un kit que permite detectar la pérdida de olfato, uno de los síntomas asociados al COVID-19. Se trata del Olfatest, una herramienta sencilla y económica que actualmente está en etapa de transferencia.

“Cuando desde el INTI se decide aunar esfuerzos y orientar todos los recursos a combatir la pandemia, al mismo tiempo comenzaron a aparecer las noticias que decían que la pérdida de olfato repentina era uno de los síntomas asociados al COVID”, cuenta Fernando Pino, jefe del equipo de Vida Útil y Análisis Sensorial, quien, junto a Anahí Cejas, impulsaron el desarrollo del Olfatest, un método rápido y sencillo para detectar la pérdida de olfato.

El kit, que incluye seis esencias, un protocolo de pruebas olfativas y permite testear entre 500 y mil personas, contribuye a la detección temprana de casos positivos cuando no se presenta otra sintomatología asociada, lo que hace posible aislarlos de forma preventiva, de manera de extremar los cuidados de nuevos contagios al personal de empresas, instituciones, centros de salud o comercios.

El Laboratorio de Análisis Sensorial había trabajado hace más de siete años en el desarrollo del primer kit olfativo nacional junto a Química y Celulosa y Papel, a raíz del pedido que realizara al Instituto una médica otorrinoralingóloga del Hospital de Clínicas, que necesitaba reemplazar los test importados que empleaba con pacientes con pérdida de olfato con el fin de reducir costos.

Al leer las noticias sobre la nueva sintomatología asociada al COVID, Fernando supo que desde su equipo de trabajo tenían algo para aportar. “Se combinaron nuestra experiencia con un aspecto puntual del contexto al cual podíamos responder”, señala nuestro especialista, quien agrega que la diferencia que presentan los pacientes con coronavirus respecto de otros con alteraciones del olfato es que el síntoma se presenta de modo abrupto.

Aquella experiencia se vio enriquecida con la participación del equipo del INTI desde hace seis años en un grupo interdisciplinario orientado a la temática de olfato y gusto, junto a médicos de distintas especialidades, donde somos referentes en metodologías de entrenamiento sensorial. “Para desarrollar el Olfatest contamos con el asesoramiento médico de una de las integrantes del grupo, la otorrinolaringóloga del Hospital Italiano y especialista en olfato Patricia Portillo Mazal”, comenta Anahí, quien explica que combinaron parte de la metodología utilizada en medicina con el trabajo que hacen con alimentos en el laboratorio.

Para realizar el test, compuesto de seis fragancias que deben ser identificadas por la persona evaluada, se mantiene una distancia segura con quien conduce la prueba: en el medio se coloca una tira de papel en un soporte y luego se vierte en ella una gota de esencia para que se pueda oler. A cada persona se le plantean una serie de opciones de fragancias y debe responder, de acuerdo a su percepción, a cuál de esas corresponde lo que olió. Ese mecanismo se repite más veces, de acuerdo a los resultados obtenidos, con las demás esencias (que fueron donadas por la empresa de origen suizo Firmenich del rubro sabores y fragancias), y se formulan preguntas cualitativas en función de la experiencia olfativa, aparte de aquellas referidas a antecedentes y síntomas, ya que las personas pueden presentar pérdida de olfato por otras causas (rinosinusitis crónica, por ejemplo).

Fernando y Anahí realizaron las pruebas en pacientes de COVID-19 para la validación del kit olfativo. Lo hicieron durante el mes de julio en la Universidad Nacional de Quilmes que funciona como centro de aislamiento. “Previamente, el Comité de Ética de la Provincia de Buenos Aires nos solicitó un protocolo de evaluación para analizar cómo iba a ser el trabajo que íbamos a hacer con los pacientes. Dado que el testeo no es invasivo y utiliza esencias que no son irritantes ni tóxicas que se encuentran autorizadas por el Código Alimentario Argentino (CAA), el ente nos dio su aprobación. Luego, la Municipalidad de Quilmes, a través del Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires, nos facilitó el acceso al centro de aislamiento”, explican.

“Fueron dos jornadas de trabajo muy intensas. Al principio, no sabíamos cómo nos iba a recibir la gente, si iban a querer participar, pero todos tuvieron muy buena predisposición. Antes de comenzar las pruebas, nos dieron la indumentaria de protección. Desde ya, durante todo el tiempo que estuvimos allí no pudimos ir al baño, comer ni tomar agua”, cuenta Fernando, quien aclara que no todos los pacientes presentaban síntomas y muchos ya estaban en situación de recuperación. “Nos encontramos con un clima mucho más agradable del que nos habíamos imaginado. La gente se mostró muy curiosa con el proyecto, nos daban aliento y nos agradecían”.

Con el fin de validar la efectividad del kit, también fue necesario testear a personas sin pérdida de olfato, para lo cual participaron de modo voluntario compañeros del INTI y personal de distintas empresas, y de ese modo, poder hacer un estudio comparativo con el otro grupo. “En un inicio, pensamos que el testeo con pacientes con pérdida de olfato lo podía realizar nuestra asesora médica en el Hospital Italiano, pero en el marco de la cuarentena, no fue sencillo el traslado de las personas a la institución, entonces decidimos que lo más operativo iba a ser trabajar con pacientes de COVID-19, cuenta el jefe del equipo de Vida Útil y Análisis Sensorial, al relatar los inconvenientes que fueron surgiendo en el contexto de aislamiento, a los que también se sumó la dificultad para conseguir insumos con proveedores que tenían demoras en la entrega de productos.

“Ahora estamos en la etapa de transferencia del desarrollo. Ya contamos con 30 kits del prototipo. Es el desafío que tenemos en este momento”, señala Fernando, quien adelanta que, desde el mes de junio, están trabajando con una empresa de software de localización que se propuso desarrollar en una de sus aplicaciones funciones que sirvan para prevenir contagios en espacios laborales: desde un autodiagnóstico como la aplicación Cuidar, hasta ofrecer registros de los contactos estrechos de una persona con COVID para realizar el aislamiento pertinente. “Para el diagnóstico de la aplicación decidieron sumar el test olfativo. Ya realizaron la compra de una tanda de kits que preparamos en INTI que va a ser empleada con personal en distintas empresas”, cuenta.

“Esto sería como nuestra fase 3. El Olfatest se probó y fue validado, y ahora lo que viene es la etapa del escalado: ver cómo funciona en las empresas, cuán fácil es su utilización, si las instrucciones son comprensibles, y cuáles son los datos que arroja, para seguir dándole más peso estadístico a lo que venimos haciendo”, agrega.

“Cuando empezamos con esta idea hace pocos meses no imaginé que podíamos llegar hasta acá. Pese a los obstáculos propios del contexto, pudimos trabajar en tiempo récord, tanto en la articulación con otras instituciones como hacia adentro del INTI entre las diferentes áreas. Encontré mucha gente comprometida, con ganas de aportar su granito de arena para que el proyecto avanzara y el desarrollo pronto esté siendo utilizado”, señala Fernando.

“Queremos agradecer por el apoyo a nuestra subgerenta Operativa de Alimentos, Valeria Espinosa; al gerente Operativo de Servicios Industriales, Mario Sosa; al presidente, Rubén Geneyro, quien fue clave para contactarnos rápidamente con el Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires; a la Subgerencia de Comunicación por la gran repercusión que tuvo el tema y por asistirnos en el diseño e impresión de las etiquetas del kit; y a todo nuestro equipo del Departamento de Vida Útil y Análisis Sensorial por su compromiso hacia el proyecto”, comenta Fernando. “Su acompañamiento fue fundamental para la compra de insumos, la definición del nombre (idea de Natalia Malvicini) y el armado de los kits, a cargo de Germán Aranibar, tarea que también realizaron Marcela Villareal y Camila Santana del Departamento de Análisis Instrumental”, destaca Anahí, quien también agradece al grupo de Transferencia Tecnológica “por apuntalarnos en esta etapa de escalado y de contacto con diferentes empresas”.

“Este proyecto fue producto de muchos años de trabajo en evaluación sensorial dentro del INTI. Desde el desarrollo del primer kit olfativo nacional, somos parte de una gran cadena de gente con ganas de trabajar en equipo, de manera interdisciplinaria, y con visión, a la que estoy muy agradecido”, concluye Fernando.

Carmen Canteros
Comunicación Interna
cominterna@inti.gob.ar
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